miércoles, 23 de enero de 2013

ATERRIZA COMO PUEDAS

Lo anunciamos como una continuada radical. Como un buen momento para hacerse con experiencia con vientos duros y mares enfurecidos. No sé si enseñé las cartas antes de tiempo, ya que tuvimos dos bajas de última hora... El resto de la tripulación, la conexión alemana con Richard, Alex y Tomás y  los dos patrones de Yate, Miquel y José estaban encantados... ¡Caña!¡Caña! ¡Así se aprende de verdad! Me dije que no se podía tener mejor disposición...Y así zarpamos, dispuestos a todo, preparados para la guerra, nacidos pa navegar...
partiendo entre risas hacia la aventura.


Destino:Costa Brava. Objetivo: Subir a favor del viento, esperar que el centro de la borrasca nos pasara por encima y emprender la vuelta cuando se estableciera los vientos de componente norte. Sencillo. Y así fuimos toda la noche del viernes y la mañana del sábado, trasluchando y negociando el mar de fondo de un metro que venía del sur... Nada del otro mundo. ¿Y la caña? pregunto alguno... tranquilo, que ya llegará, le decía, aunque no me hubiera importado que los partes se hubieran equivocado...

atardecer prometedor






Pero no se habían equivocado, no, simplemente se hacía esperar. Después de una pausa en Sant Feliu para comer decidimos practicar una ceñida hasta Blanes, mar por proa, velas rizadas y costa a sotavento... unas buenas practicas, de eso no hay duda. Y todo fue bien, intenso, vientos de  20 y 25 nudos, viradas, y un abatimiento que nos llevaba irremediablemente contra Tossa. Margen a sotavento, imprescindible. Una lección impagable, la verdad. La velocidad en ceñida fundamental y más con marejada, fue la segunda. Y cuando encendíamos motor para tomar distancia a la costa y que nuestros alumnos, lo volviesen a intentar... el viento empezó a subir a la vez que la noche se extendía sobre nosotros...hummm, no pintaba nada bien... seguimos navegando y cada vez nos costaba más avanzar, al llegar las puntas de treinta y cinco nudos, se optó por quitar la poca vela que nos quedaba y navegar a motor. La prudencia es nuestra mejor amiga y hasta unas practicas radicales tienen un límite... cualquier eventualidad nos haría empotrarnos contra las rocas, estábamos demasiado cerca. El juego se había terminado.

el asunto se iba poniendo serio; alumnos en plena maniobra de rizado.


Y nos pusimos serios. Todo el mundo con chaleco y trincado. Aunque alguno no acabó de entender tanta precaución, la primera gran ola que no pudimos negociar, ya que apareció de la nada, agazapada en la oscuridad, dio los argumentos necesarios... una escora importante...tranquilos, necesitamos mucho más para volcar, dije sin saber muy bien si hablaba con ellos o conmigo mismo, divertido ¿eh?, la que nos espera, pensaba, esta entrada será de las buenas... y así seguimos casi una hora, el mar seguía creciendo y escondiéndose  hasta el punto que di las practicas de timón por terminadas... yo me haría cargo de él, no por heroísmo, no era justo darles tanto responsabilidad a los alumnos por buenos y aplicados que fueran.

La luz verde apareció al fin, dos destellos, o eso parecía, porque de tanto en cuanto toda la luminiscencia de Blanes desaparecía tras una enorme montaña negra que barría nuestro futuro más inmediato hasta estrellarse contra la costa... pero nosotros a lo nuestro, ganar sur para entrar con la ola, surfeando las trece toneladas del Pipo... pero algo fallaba, un detalle sin importancia, la luz roja no estaba donde recordaba que debía estar...mucho tiempo sin entrar en Blanes y el derrotero y la carta, como yo, sin reciclar, uppss, esto se pone interesante...

En una subida a una ola magnífica la atisbamos por unos instantes, detrás de la verde, la bocana tenía que mirar prácticamente a la playa, hummm, se estaba poniendo muyyy interesante, tanto que mi corazón empezó a latir con fuerza, entusiasmado con la perspectiva... un aterrizaje a ciegas... no quise compartir mi alegría, no había necesidad... a veces no hace falta ser demasiado sincero...

Y comenzamos. Se optó por una aproximación zigzageando, ya que las olas te sacaban de ruta con facililidad y no quería acercarme demasiado al sur, por los bajos (estos no los habían modificado nadie)...
y por un momento, me sentí un  piloto enfilando las luces de una pista de aterrizaje, por la opresión en mi cuello (el homre de la triple nuez me podían haber llamado) deduje que era un momento importante...así que cuando uno de los alumnos, sentadito en la bañera con su chaleco puesto dijo: 

-¿no tendríamos que entrar más por babor?
-¡Tranquilidad todo el mundo!- con mi habitual tono suave y amable-.Ahora calladitos y atentos ¿eh?

Una escora de 45º les hizo entender lo que quería decir. Parece mentira lo lento que puede pasar el tiempo en determinadas ocasiones.

-Recordad, siempre el timón hacia donde cae el palo- les dije para romper el silencio- si escora, orza y si orza demasiado, nos atravesamos, así que seguimos la escora con el timón para mantener rumbo...

Sinceramente creo que nadie me escuchaba pero había que romper el silencio. Y después de un par de escoras más nos lanzamos a degüello.Y qué graciosa coincidencia, el viento comenzó a subir hasta alcanzar puntas de cuarenta nudos. Fantástico. Pero no había tiempo, la popa se alzaba como si nos hubiera dado una patada en el trasero, de esas que nos elevan por los aires... torre de control, torre de control, permiso para aterrizar... la luz verde por la proa... y a doscientos metros, potencia máxima.... ¡gerónimo!

Y nos lanzamos directos a la luz verde, por una lado rocas, y por el otro, la playa. ya no había vuelta atrás...mi corazón parecía una batidora y mi masculinidad parecía que me iba a salir por la boca, y qué decir del resto de mi cuerpo, tenso y contraído como si fuera a saltar en paracaídas... ¡gerónimo!

-si varamos el último que llegue a la playa paga la paella- he de reconocer que las risas a mi broma sonaron bastante falsas., 


100 metros, 50...30... y cuando parecía que no había bocana y que todo era una broma de mal gusto, las rocas dejaron paso a un remanso de agua tranquila que reflejaban las luces del puerto...sólo tuvimos que meter la proa y lo peor había pasado... salvados. 

Después hubo que amarrar pero ya no tuvo tanta emoción. La marinería nos recibió con una mirada extraña, como si fuéramos bichos raros...una vez firmes las amarras, nos relajamos y comenzamos a reír y a repasar los mejores momentos, cual colegiales excitados...

-¿quién quería caña?

P.D.: No hay fotos del aterrizaje en cuestión, no sé, creo que nadie estaba por las labor. Un poco vagos estos alumnos...


Dani de bita

1 comentario:

  1. Espectacular aventura.
    Contado así dá miedo, pero me imagino que lo vivido fué peor.
    Nadie sabe qué tan fuerte es, hasta que ser fuerte es la única opción..

    ResponderEliminar