miércoles, 6 de febrero de 2013

Vientos duros, patrones durísimos

Fin de semana interesante. Tal y como se preveía, tanto sábado como domingo, estuvimos entre los veinte y treinta nudos, non stop, hasta el punto que nuestros socios se acostumbraron a ello e incluso hubo a alguno
que le entró sueño. Así son nuestros socios, solo se consigue llamar su atención a partir de fuerza 8.

Viento de tierra, racheado, mar plana y cielo prácticamente despejado. Ni solicitándolo por catálogo. El tema del día fue la toma de rizos y el control de escora. No se dejó pasar la oportunidad de practicar las trasluchadas con viento duro. Calma y práctica, lo único que necesitas para ejecutar la maniobra con éxito, por muy fuerte que sople...¡y amollar la contra!

Fueron salidas muy productivas: entrada de emergencia a vela en el Fórum (simulacro controlado), hombre al agua (nuestra querida defensa "Wilson" se ofreció voluntario), navegación con génova, navegación con mayor... todo el repertorio de maniobras y situaciones que nos podemos encontrar con viento duro, todos menos el vuelco (lo dejamos para que Bubi Sansó nos diera una clase magistral) y la rotura de palo (mi jefe me dijo que mejor lo dejara para otro día)... La punta del fin de semana fue de 35 nudos y nos movimos entre los siete y ocho nudos, bien rizaditos y adrizados... de paseo, un paseo a la bilbaína...

Y todos, tanto el sábado y el domingo, dijeron lo mismo al atracar: " muy bien...qué bien me lo he pasado...y que siesta me voy a pegar..." y es que entre el viento, el sol y la hiperactividad de De Bita se logró el objetivo: machacarlos, seguir puliéndolos hacia la meta final: convertirlos en patrones experimentados y competentes.

¡Ya falta menos!


1 comentario:

  1. Yo sufrí muchos lances de este tipo cuando luchaba en el bando de Inglaterra contra las tropas francesas de Napoleón Bonaparte, alzándonos con la victoria en la famosa Batalla de Trafalgar.
    Eran otros tiempos y los hombre al agua se realizaban de verdad, sin amagos. Perdimos muchas vidas, pero nos otorgó a los británicos el dominio absoluto de los mares durante la práctica totalidad del siglo XIX.

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