Obviamente estoy tirando de la ironía más voraz: algo pasa con nuestros socios que suben a bordo relajados y con las mejores intenciones, siendo buenas personas en definitiva, y a medida que se acerca la señal de atención, compruebas como les va dominando una ira sanguinaria. Su respiración se acelera, entornan los ojos y como si olisquearan el aire, buscan víctimas, sangre...Me pregunto que dirían sus familiares más cercanos si tuvieran la posibilidad verlos en tal estado, tan cercanos al colapso competitivo.
Pero por suerte, la voluntad de engullir a tus adversarios se va suavizando a medida que los barcos te van pasando y del "¡a machacarlos!" pasamos al "ay, ay, otro que se acerca..." Y cuando te han pasado media docena, la fiebre se te pasa y vuelves a decir aquello de "no, si a mi lo que me gusta es navegar tranquilo...yo voy al mar a relajarme..." Sin embargo, un barco a tu proa, enreda el spi y los colmillos se vuelven a afilar: ¡a por ellos! Y es tan placentera la sensación de pasarlos con aparente calma, como de casualidad, " no, si ni me había dado cuenta..."
Llegamos a la línea de salida con tres minutos para el bocinazo. Nos habíamos despistado haciendo ejercicios de hombre al agua y tuvimos que poner el motor para llegar hasta ahí. Daba igual, solamente queríamos ver la salida para enseñarles a los socios en que consistía una regata. Poco viento y sol, regata de costellada. Pero salimos y claro, las pulsaciones fueron subiendo y para cuando entraron los quince nudos, ya estaban todos haciendo banda enajenados, sacando toda su competitividad.
Salimos bien y nos favoreció el role y por un instante vimos a (casi) toda la flota a nuestra popa. Se hizo patente que debíamos continuar hasta el final. Y uno a uno nos fueron pasando, pero nosotros luchando. Hasta que nos quedamos en el pelotón final donde mantuvimos una lucha encarnizada con otros dos barcos. Fue divertidísimo. Hubo alternancia de posiciones y pullas amistosas entre tripulaciones. Muchas, muchas risas.
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| Nuestro querido enemigo. |
Conseguimos no llegar últimos ( el orgullo tiene sus límites) y al llegar a puerto, nuestros socios, casi al unísono preguntaron: ¿cuando es la próxima?
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| Este fue escogido por nuestra tripulación, como el barco más bonito de toda la flota |
Dani de BIta




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