jueves, 9 de mayo de 2013

CONTINUADA DELUXE

Hay momentos en la vida que a uno le cuesta entender por qué es tan feliz, cómo se puede disfrutar tanto de cada instante del día. Eso ocurrió el pasado fin de semana en apenas 12 metros de eslora... navegando voy, navegando vengo y por el camino.... yo me entretengo, podíamos haber cantando todos la tripulación.

Arnau y Maria con la vuelta de escota.





Barcelona, Bahía de Pollença, rumbo directo. Brisas suaves, mar plana y una compañía excelente. A quince millas de la salida, el primer indicio de lo que iba a ser el fin de semana: un rorcual a una veintena de metros por nuestra amura de babor, claro esta, con rumbo de colisión. Tuvo la amabilidad, eso sí, de respetar el RIPA, y al recibirnos por su banda de estribor, se sumergió amablemente permitiéndonos mantener rumbo. ¿Cómo describir esos segundos en los que sabes que un hermoso y gigantesco ser pasa por debajo tuyo, esperando que su aleta caudal no tenga el capricho de acariciarnos? Una mezcla de miedo y excitación, una espera adrenalítica, un silencio atronador. Segundos larguísimos en los que te sientes muy vivo...¡qué privilegio!

Continuamos rumbo SE acomodándonos parta recibir el atardecer. Otro espectáculo magnífico. El día se fue entre pan con tomate y embutidos variados, llenando el estómago para afrontar un estrelladísima guardia en la bañera. Era el momento de afinar la vista y comenzar a buscar luces verdes y rojas...



Dio la casualidad que dos de nuestros tripulantes cumplían años el mismo día: Carles y Javi. Por la noche, celebramos con chocolate el de Carles. Javi prefirió esperar al amanecer, el físico le jugo una mala pasada y optó por prudencial reposo. Siempre bajo la atenta mirada de Maria, que le colmó de cuidados.


Y la noche pasó, para unos mejor que para otros. El tan esperado momento del amanecer se convirtió en un momento de ausencia, ya que solamente dos tripulantes aguantaron el tipo, y lo hicieron sacando el spi. Desde el interior de la embarcación se oían armónicos ronquidos que nos hicieron entender que de amaneceres hay uno cada día, y que quizás no son tan importantes. Carles y yo, en la bañera, con ojos cansados, hablábamos de libros y viajes....

Faro de cabo Formentor, habíamos llegado.
Poco a poco, a medida que nos adentrábamos en la bahía de Pollença, fuimos arrancando a la tripulación de sus camastros, unos con más esfuerzo que otros. El singular dúo de artistas, Francesc y Arnau, entablaron una particular competición sobre quién tenía mayor capacidad para el sueño. El duelo acabó en empate técnico. Para Tomás todo estaba bien, siempre y cuando hubiese café.


Llegamos a Port Polleça y después de repostar optamos por un reconstituyente desayuno inglés. El colesterol subió proporcionalmente a nuestro entusiasmo: quedamos como nuevos.


Emprendimos ejercicios de fondeo y situación en carta después de despedirnos de Javi y Maria, que se quedaban en la isla. Espero que volvamos a encontrarnos.
¡A trabajar!


 Los restantes, emprendimos camino a vela, fondeando aquí y allá, con orinque y sin él, buscando waypoints y márgenes de seguridad...a media tarde el viento cayó definitivamente. Nuestros intentos de mantener el spi hinchado se vieron compensados por una coreografía de delfines comunes en la entrada de la bahía: hermoso, una vez más.





Un último fondeo para preparar la cena en la cala Figuera. No faltaría una copa de vino.



Nos tendrían que haber dado varias estrellas michelín




La previsión nos había indicado diez nudos del oeste. Se cumplió a partir de la una de la madrugada, momento en que apagamos el motor. A partir de entonces y hasta el final de la travesía seríamos un buque de vela. Solamente nos acompañaba el chapoteo del agua y la presión del viento en los oídos, mientras íbamos engullendo millas. 


Una noche nubosa dio paso a un día claro y soleado y mientras el final se acercaba, pudimos seguir el proceso de insolación y nubes cumuliformes que dan paso al virazón.






Y llegamos como los grandes campeones: con el spi hinchado por los quince nudos que nos entraba por la aleta.






Al llegar a puerto, Arnau al timón, viento atravesado al amarre, se preparaba para la maniobra de atraque... emoción y algo de nervios, la maniobra no era fácil...pero no, nada estropearía el fin de semana, maniobra perfecta de Arnau, bien secundado por toda la tripulación...habíamos llegado de un viaje inolvidable.

Felicidades a toda la tripulación, unos campeones, ojalá nos encontremos en un barco de nuevo. ¡y que sea pronto!





El juego de las diferencias: nuestra tripulación, en dos tiempos.








Dani de Bita

No hay comentarios:

Publicar un comentario