lunes, 16 de diciembre de 2013

¡30 nudos de viento por el través de babor!

Sabíamos que no iba a ser nada fácil la salida. Los 25 nudos de viento de tierra, no nos facilitaron el desatraque del velero de Port Olímpic, pero Jaume Bantulà, un experto marinero donde los haya, lo consiguió con la ayuda de toda la tripulación.

 Fuera de puerto, el vendaval iba en aumento, rachas de viento que rozaban los 30 nudos, hacían que ninguno de nosotros estuviera relajado. La única ventaja fue que el viento de tierra no nos creaba oleaje.

Jaume a la caña, en todo momento daba las órdenes pertinentes a toda la tripulación. Cesar Baster en la escota de la mayor para abrirla en cualquier momento y Juanjo Saniger y Miguel Cabada en los winches del génova, para trimarla y preparados para hacer bordos si hiciera falta.

La regala del Alma Rei al nivel del mar, nos dibujó a todos una sonrisa y el sonido de la hélice girando a toda velocidad, nos daba la impresión de que íbamos volando.

Un cambio de timonel nos dió aire fresco. Juan Carlos de Pablo al coger la caña nos invitó a hacer una virada. ¿Todos preparados? ¡No quiero ningún fallo! Todos al unísono le contestamos que estábamos preparados.

Viramos a estribor, ¡Flamea el génova!¡Suelta escota! ¡Rápido! ¡Rápido! ¡Cobra la escota de estribor!
¡Muy bien chicos! Ha salido una virada perfecta, no hemos perdido casi velocidad, pero Jordi, ¡Quédate en la escota de la mayor por si hay más rachas!....

Así hubiéramos querido todos que fuera nuestra navegación del sábado, pero no. ¡Nada más lejos de la realidad!

Sí es cierto que Eolo, el Señor de los vientos apareció, pero nos obsequió con 11-12 nudos a una milla de puerto, razón por la cual estuvimos navegando hasta entonces con las velas fuera y un mínimo de motor creando viento aparente.

También es cierto que el viento era de tierra y no teníamos oleaje, pero.... unas cervezas y el aperitivo nos hicieron la mañana más alegre. Las conversaciones entre los distintos pequeños grupos que se formaron, se unían a veces para echarnos todos unas risas y... en el fondo, todos estábamos de acuerdo que cuando llegáramos a puerto, seríamos un poco más felices.



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